El 167 a la cabeza - Que vuelva la Celeste de antes
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El 167 a la cabeza

03 Sep 2017

Pasó el partido contra Argentina y al menos los uruguayos tuvimos una razón para creer que no todo está perdido. Porque siempre es de esperar de parte del pueblo oriental la defensa de su territorio y de lo que es suyo, ante cualquier intento de elementos externos de prevalecer como si estuvieran en su propia casa. Todavía quedan compatriotas que entienden que el que viene de afuera tiene que respetar.

No sorprende de Sampaoli, quien una vez ya puteó de lejos a Godín cuando dirigía a Chile y después usó de gran manera su marcha atrás. En esta ocasión, se quiso hacer el pesado pasando por encima de una laburante que lo único que estaba haciendo era cumplir con su trabajo colocando un micrófono cerca del área técnica.

Ese 167 se transformó en el número del momento para los juegos de azar, en un motivo de orgullo y tranquilidad para los que sostenemos que al pueblo oriental se lo respeta, en un compatriota al que no pocos piden para plantarse en el mediocampo celeste. Pelado, con cara de pocos amigos y decidido al increpar al DT argentino (que mostró gran velocidad para dirigirse raudamente al túnel antes de ser alcanzado por este hijo de Obdulio que lo fue a buscar), este buen hombre expuso casi sin saberlo las condiciones indispensables en un centrojás charrúa.

Diga que probablemente la persecución lo agarró frío al 167, porque si llegaba a alcanzar al objetivo, habría nacido un héroe nacional. Sin dudarlo, ante la tercera falta de respeto del diminuto orientador táctico, cortó terreno en diagonal en una caminata firme y con la mirada fija en quien se iba rapidito para el túnel sin siquiera mirar para atrás. Diga que le salieron al cruce varios allegados al cuerpo técnico argentino, porque seguramente el saldo de Sampaoli de su paso por Montevideo hubiera sido más negativo.

Recio, de buen porte e insulto firme al que vino a hacerse el malo y no aguantó nada, a partir de ahora sabemos que tenemos a uno de los nuestros como encargado de los micrófonos. Los Viejos Valores viven, por eso, si nos vienen a patear los micrófonos, estaremos dispuestos a patearles la tibia. Para usted, 167, este humilde homenaje. Que vuelvan los orientales que se hacían respetar de antes, ¡que vuelva la Celeste de antes!

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