El 4 de junio de 2005, Uruguay consiguió un empate a uno de visitante en Venezuela siendo injustamente expulsado Carlos Diogo y el hijo de Pablo Forlán lució unas infames trencitas a lo Bo Derek.
Tal vez no muchos recuerden este partido, pero si les decimos “el partido de la piñata en la manga” seguro que son muchos más los que lo recuerdan por esos violentos incidentes de aquel partido por eliminatorias.

Aquel día, la Celeste formó con: Sebastián Viera; Diego López, Paolo Montero, Diego Lugano, Carlos Diogo; Marcelo Sosa, Darío Rodríguez (Gonzalo De Los Santos, m.63), Mario Regueiro (Diego Pérez, m.42), Rubén Olivera; Diego Forlán (Javier Chevantón, m.77) y Marcelo Zalayeta. DT: Jorge Fossati. Nótese que salvo tres excepciones (ya que el Ruso todavía era el Ruso), era un equipo lleno de prohombres que supo dejar en alto el honor de la gloriosa casaca Celeste.

Una trifulca desatada entre los jugadores que disputaron el partido que empataron Venezuela y Uruguay por la decimocuarta fecha de las eliminatorias sudamericanas, dejó un policía y un espectador herido y jugadores golpeados, según aseguraron autoridades y periodistas

VenezvsUruLa pelea se registró en el túnel que comunica la cancha con los vestuarios del estadio José ‘Pachencho’ Romero entre jugadores de ambos equipos, que habían intercambiado fuertes improperios a lo largo del encuentro.

Quienes presenciaron el incidente aseguraron a los medios de comunicación que vieron salir golpeado al zaguero local Luis Vallenilla, mientras periodistas destacados en Maracaibo aseguraron que jugadores de Uruguay, entre ellos Richard ‘Chengue’ Morales, y el fisioterapeuta repartieron y también recibieron algún golpe. Tras la trifulca, el técnico de Uruguay, Jorge Fossati, abandonó el terreno de juego ante la lluvia de objetos contundentes que eran lanzados desde la tribuna, y se fue del estadio sin dar declaraciones a la prensa.

Los venezolanos acusaron a los uruguayos participantes del incidente de tener un “comportamiento hostil” ante el público y ante los jóvenes encargados de recoger los balones del encuentro. ¿Qué y por qué pasó lo que pasó?, es la primera pregunta que surge.

Paolo Montero y Rojas se agarraron en el interior de la manga, y Cichero que fue al vestuario visitante a buscar al “Chengue” Morales se paró frente a la puerta y no se quería ir hasta que lo vino a buscar y se lo llevó Richard Páez. Menos al que se lo llevaron sino hubiera cobrado de lo lindo con el Chengue. El propio “Varilla” González (casi un oriental más, por ende imbuído de los Viejos Valores aprendidos en nuestra tierra) insistió con el capitán celeste que quería hablar mano a mano con Morales. El Varilla fue para adelante como buen oriental, pero el prohombre Richard Morales hizo valer su tamaño y prevaleció, noqueando al uruguayo-venezolano que quedó con un ojo negro.

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Ese “tole-tole” en el que los jugadores de Fossati eran absoluta minoría en el infierno de la manga pero se hicieron valer como buenos artiguistas y obdulistas, es siempre recordado.

La Confederación Sudamericana no protegió a Uruguay, entonces Uruguay se tuvo que defender, de los particulares que fueron a patotear en absoluta superioridad numérica frente a nuestros gladiadores que se hicieron fuertes dentro de la endeble manga que se movía para todos lados enardeciendo a los que seguíamos las alternativas del match por televisión mientras Romano y Scelza se persignaban y exclamaban “oh, dios mío, por favor!”

Así que Cichero y el Varilla si eran tan hombres de ir a buscar al Chengue, que no se quejen porque cobraron y lloren diciendo que Morales pegó “de garrón”. El “Chengue” pegó primero en el infierno de la manga, ya que en sus dos extremos había venezolanos esperando la salida de los celestes y no para pedirles la camiseta de regalo precisamente. Es así que como en las viejas canchas del ascenso, afloró el instinto de supervivencia que lleva todo ser humano, y más un charrúa. Los códigos de “caballeros” quedan para el tenis o un encuentro de esgrima. Ahí había que hacerse respetar.

El Varilla como buen casi uruguayo debería saber que si cobró, tiene que aguantar callado.  “Paolo te puede decir que yo estaba separando, él decía, “al Varilla no le peguen”, lo que pasa Varilla, es que cualquiera que tuviera una camiseta de otro color era enemigo. El volante, de largo pasaje por el fútbol uruguayo, dijo que en el vestuario uruguayo  que “El Pato” Sosa le dijo “bueno Varilla, en el borbollón perdiste vos: perdí yo”.

Como dijo el Chengue en la entrevista que le realizamos: “Fue relativamente difícil, no nos quedaba otra que defendernos y dejar al país bien representado en ese momento”. http://lacelestedeantes.com/2013/11/14/chengue-hay-uno-solo/