La figura del Chino Recoba siempre ha sido objeto de debate entre el público uruguayo, es alguien que nunca ha pasado desapercibido desde sus inicios por sus inestimables condiciones futbolísticas. Se trata de un futbolista que fue durante un tiempo el mejor pago del mundo, que jugó 11 años en el Inter de Milán y allí deslumbró por momentos con su pegada, sus centros, sus tiros libres, su magia…

Pero al momento de ponerse la Celeste, tal vez por su carácter, tal vez por no tener muchos amigos en el grupo, tal vez por la presión de la gente, nunca llegó a ser lo que todos esperaban. Un Estadio Centenario entero se unía para putearlo, silbarlo, pedir a gritos que lo sacaran ante cada tiro libre a la barrera, cada corner al primer palo, cada actuación intrascendente de un jugador que sin embargo seguía siendo convocado y hasta intentaron hacerlo líder a la fuerza poniéndolo de capitán.

Durante años, el pueblo futbolero oriental puteaba a Recoba y rogaba para que no viniera más, prefería morir de pie con los del medio local, o aplaudir los tranques del Canario o las patadas de Paolo, o las guapeadas del Chengue.Y es que había un denominador común, nadie quería a Recoba.

216 partidos jugados en Italia, 65 goles a cual de ellos más espectaculares, tiros libres que nunca llegaron vestido de Celeste, y eso que la gente en el fondo mantenía la esperanza. En cambio, venía la cabeza gacha, el gesto adusto ante cada silbatina reprobatoria de un público que apenas recuerda momentos buenos del Chino vistiendo la gloriosa malla. 69 partidos después, 11 goles fueron el saldo del Recoba de la selección. Si Julito Gard analizara las estadísticas, veríamos que el promedio italiano da 0,30 goles por partido, y el de la selección da 0,15. Podríamos decir que no es lo mismo, que es difícil para cualquiera mantener el promedio goleador, lo que quieran.

Pero pasó algo. Recoba un día volvió al fútbol uruguayo. Lo hizo en su club de origen, Danubio. Y allí no deslumbró tampoco, y fue puteado, escupido y silbado por los hinchas de su otro equipo, Nacional. Y quiso el destino que el Chino pasara luego a Nacional, y fuera importante en la conquista de un campeonato uruguayo y de golpe muchos que lo putearon siempre pasaron a idolatrarlo, y no nos corresponde a nosotros analizarlo ya que sólo nos importa la Celeste.

Lo que sí pedimos es que esos acérrimos defensores del Recoba de Nacional no se olviden, tal vez algunos por edad no lo recuerdan, del Recoba que pasó sin pena ni gloria por la selección, no del dueño de una murga que hace reclames de grupo gamma. Si no se acuerdan, pregúntenle a algún padre, abuelo o tío. Por eso les pedimos que se despojen de partidarismos, que no rompan los huevos viendo fantasmas y rasgándose las vestiduras por un Recoba que no es el que ellos aclaman ahora.

Por eso estimados obdulistas, les seguimos diciendo que si alguna mujer despechada porque le insulten a Recoba ve herida su sensibilidad por los conceptos vertidos en esta página, a llorar al cuartito. Nosotros tenemos memoria y recordamos cada tiro libre estrellado en las barreras, cada córner desperdiciado, cada mirada perdida y cada esperanza derrumbada de ver al Recoba del Inter tirar del carro de forma proporcional a su talento. El gol de penal a Senegal, los pases al Chengue contra Australia, y cuesta encontrar alguno más, se cuentan con los dedos de una mano las aportaciones positivas del Chino a la selección, dejémonos de joder.

Igual lo preferimos mil veces antes que a los pecho fríos de ahora, llámese hijo de Forlán, Ramírez, Lodeiro o Cavani. QUE VUELVAN LOS PECHO FRÍOS DE ANTES, QUE VUELVA LA CELESTE DE ANTES!