Luego de este golpe, lo bueno es que la histeria colectiva desatada a partir de Sudáfrica 2010 se va a aplacar. El exitismo dejará paso al verdadero hincha, a aquel que se ha comido todos los garrones, que miró el partido que perdimos 5 a 0 con Alemania con Jacinto Cabrera de 9 dos días después de estar pintando la casa. Porque hoy, el “proceso” se queda más solo que nunca.

Las caras pintadas, las mujeres enfervorizadas por la imagen de galanes de algunos players, las “selfis”, los macaquitos del disco, las canciones afeminadas, los comentarios de toda la gente que nunca había visto un partido de Uruguay en su vida y transformaron esto en casi un club de fans de algún cantante melódico, todo eso seguramente se vaya a partir del próximo partido.

Caen los calendarios celestes que permanecían colgados sin la parte del almanaque, solo por las fotos que hicieron avergonzar a Obdulio. Y ahora quedaremos los que no apagamos el televisor cuando ibamos perdiendo 3-0 en el primer tiempo contra Senegal, los que no dijimos “oh, que horrible, que hace Maxi?” cuando el Mono le juntó las rodillitas al moreno elemento que nos estaba pizarreando.

Ahora vienen las que duelen, donde habrá que ver de qué están hechos estos señoritos, si tienen un poco de rebeldía. Es ahora cuando se dejará de hablar de los calzoncillos de Cáceres, de las camisetas ajustadas que le marcan los músculos a los jugadores, de las caras de loco del capitán con apodo de vieja, de los reclames, de todo lo que rodeó a esta selección desde hace 4 años.

Podemos analizar desde lo futbolístico que nos cagaron a pelotazos, nos cagaron a patadas, nos pizarrearon y morimos con los ojos abiertos. Por suerte, no todo está perdido, y el contradictorio Cáceres pegó una buena patada para dejar claro que estaban jugando contra Uruguay, y el gran Mono Pereira sumó la octava roja directa de Uruguay en la historia de los mundiales, quedando en el segundo lugar de la general después de Brasil con 10.

Apenas un tímido esbozo de algunos compañeros de propiciar un entrevero, para por lo menos paliar la humillación a la que estaban siendo sometidos. Una de las máximas del fútbol es “si no se puede ganar, hay que pudrirla”, y eso lo entendió a la perfección Pereira, yendo directo al objetivo, para dejar gateando al jugador tico.

Nuestra solidaridad con el mono, porque al pasar hacia el vestuario tuvo que soportar la reprimenda del quetejedi, a lo que Pereira le retrucó. Seguramente el señor tecnico se molestó porque no va a poder ganar el fer plei. No nos sorprendamos si este obdulista no aparece más en la selección, pero sepa Mono que el pueblo obdulista está con usted.

¿Cómo se arregla esto? Es difícil, realmente muy difícil encontrarle la vuelta. Toda esa invitación que les hicimos a sacar el uruguayo que tienen dentro parece quedar muy cuesta arriba. Hoy con los gladiadores del 2002 la cosa no terminaba así.

QUE VUELVA LA REBELDÍA DE ANTES, QUE VUELVA LA CELESTE DE ANTES!