Cuando aún resuenan los ecos del alejamiento del hijo de Pablo Forlán, figura a la que sistemáticamente hemos repudiado, siguen surgiendo voces que hablan acerca de un elemento contradictorio.

Por un lado, habla el ex presidente de la AUF Bauzá, que dice “fue el primer futbolista al que ví comer sushi”, como si fuera esto algo positivo! Por otra parte, el citado come sushi maneja a la perfección varios idiomas, cosa inaceptable. Pero contrariamente, son varios los obdulistas que lo han reconocido publicamente. Sabida es la simpatía que le tiene el Mago Fabián, y las elogiosas palabras que le han dedicado el Canario García o Paolo, y ahora se suma Carlitos Bueno, otro de los nuestros.

El atacante artiguense supo compartir delantera con el hijo del boniato en la sub 20 y en la mayor, y no solo hasta ahí llegan las coincidencias, sino que supieron estar unidos por una señorita de las denominadas “botineras”. Antes una botinera era el bolsito donde se llevaba la herramienta de trabajo, pero ahora es socialmente aceptado el roce de los players con estas damas de dudosa moral, muy lejos de los valores deseados en una patrona.

Pero está bien, porque todo charrúa siempre en algún momento de la vida debe andar entreverado con este tipo de chica, es parte de la vida y del aprendizaje. Por esto, es que le encontramos por ese lado al ex repostero de la selección un puntito a favor de los que siempre fuimos reacios a darle.

Dice sobre él Carlitos Bueno:

“Siempre fue callado, y conmigo tuvo buena onda. Ya se le veía que iba a hacer una buena carrera y además tenía un apellido que era importante”.

“Recuerdo que Fernando Cardozo tenía una guitarra y nos juntábamos en su cuarto con Chevantón, y él aparecía y se quedaba con nosotros”.

“Siempre tuvimos buen feeling, dentro y fuera de la cancha, en la sub 20 y luego en la mayor, donde también fuimos compañeros. Le fue tan bien por ser un gran profesional y una gran persona. Hoy se despide de la selección y sería bueno que le hicieran una despedida, porque se lo merece”.

De estos conceptos se extrae que el hijo de Pablo realizaba en aquella sub 20 tareas similares a las que luego haría en Corea Japón 2002 prendiéndole la computadora a los prohombres, en este caso con los Bueno, los Chevantón, los Fernando Cardozo. Y eso logró tantos años después el reconocimiento de aquel compañero de ataque al que el ícono de la metrosexualidad le supo atacar a la percanta. Algo de valores hay ahí, y hay que reconocerlo.

También es de destacar la actitud de Bueno, que siempre dijo que él ya no tenía más nada que ver ahí y que Forlán era libre de hacer lo que quisiera, eso es tener códigos. Tal vez si el japonés hubiera seguido el llamado de los Viejos Valores, la historia hubiera sido otra y hoy estaríamos hablando del botija que salió de Carrasco y se hizo uno más de nosotros con actitudes que demostraron potencial, pero la torta marmolada, el golf y los idomas pudieron más…