¡La manija que se ha venido dando con que el match ante los chilenitos era un clásico! Tanta, que hay gente que la termina repitiendo como si fuera verdad. Pobre gente, son aquellos que no saben, porque no les contaron, que el mundo no empezó en el año 2010. Porque clásico, lo que se dice clásico, es con los porteños y con los brasileros. Incluso con los australianos, para citar a un rival que más acá en el tiempo se ganó nuestro respeto y un poco nuestro corazón. ¿Pero Chile? Que se busque otro clásico, porque nosotros estamos ocupados en otras cosas.

No hay que entrar en esa rosca de “se ganó otra vez en Maracaná, la mística celeste aflora una vez más en nuestro lugar en el mundo”. Por favor, digamos eso cuando sea contra el propio Brasil. Y no lancemos campanas al vuelo por un partido contra un equipo de segundo orden, porque tampoco se le ganó al combinado del resto del mundo. Si tiene algún familiar o algún vecino que salió a tirar pirotecnia, o algún compañero de trabajo que llegue afónico; plántese en el lugar que la historia le confiere como buen hijo de Obdulio y hágales notar que se hizo ni más ni menos que lo que había que hacer.

El responsable técnico logró revertir la mala decisión inicial de poner juntos a Lodeiro y De la Rasqueta, sustituyéndolos por elementos que al menos ingresaron dispuestos a transpirar. Hay que reconocer que luego de esas modificaciones, el quetejedi logró que el equipo jugara como debe hacerlo un team uruguayo, esto es reñido con la estética si es necesario y apelando a los elementos innegociables, para que los que miran al Manchester City por la televisión se dejen de una vez de pedir toques, triangulaciones y laterales que suben. Incluso hubo algún tranque de los atildados muchachos del mediocampo pero hay que decir, también, que no se aprovechó el trámite para acomodar a ningún chilenito. Tampoco hay que dejar pasar la vergüenza de que CHILE, sí, Chile, presente un jugador de ébano y nosotros ninguno. Y por las dudas, en el banco tenían a otro. Hubiera sido demasiado si decidían darle ingreso también a ese.

Acá no hay nada que festejar, más que los tres puntos logrados sobre la hora con un gol de cabeza ante un team con notorias falencias en ese aspecto. Eso, al igual que poner dos líneas de cinco tras conseguir el ansiado tanto de la victoria, también es más clásico que Uruguay-Chile. Que vuelvan los clásicos de antes, señores, en los que sí o sí deberá volver al menos algo de la celeste de antes.